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martes, 9 de diciembre de 2014

LAS FUERZAS REGULARES INDIGENAS: EL MUSEO ESPECIFICO DE CEUTA.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en el nº 309 correspondiente al mes de marzo de 2008, de la Revista "ARMAS", págs. 60-66.
Los originales están ilustrados por diecisiete fotografías en color y cuatro en blanco y negro.

La extensión de los territorios del Rif, ocupados actualmente por nuestras tropas, exige el mantenimiento en ellas de un núcleo importante de fuerzas para asegurar la tranquilidad del territorio, el desarrollo, a su amparo, del comercio y demás fuentes de riqueza del país. Sometidos a nuestra influencia los habitantes de las Kabilas ocupadas, como consecuencia de la última campaña, parece llegado el momento de ir creando tropas nutridas con los elementos indígenas afectos á España, que sirvan de núcleo para la organización de fuerzas indígenas regulares, con cohesión y disciplina, y capaces de cooperar en las operaciones tácticas con la tropas del Ejército.”

Así comenzaba la Real Orden de 30 de junio de 1911, dimanante del Ministerio de la Guerra, mediante la que se creó lo que llegaría a ser el conjunto de unidades más condecorada del Ejército español: 19 cruces laureadas colectivas de San Fernando, 56 cruces laureadas individuales de San Fernando, 61 medallas militares colectivas y 196 medallas individuales lo acreditan.

En sus filas han servido desde entonces más de 70.000 efectivos, habiendo participado en más de 800 acciones de guerra con un sacrificio, en las Campañas de Marruecos y la Guerra Civil- de más de 6.000 muertos y más de 24.000 heridos.  

Epoca fundacional

La primera de sus unidades se denominó Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla”, con guarnición en el Fuerte de Sidi-Guariach –actual Fuerte de la Purísima Concepción- de dicha plaza, siendo organizada sobre la base de un batallón (tabor) de Infantería, con cuatro compañías y un escuadrón de Caballería. Su primer jefe fue el teniente coronel Dámaso Berenguer Fusté, quien llegaría a ser presidente del gobierno español entre enero de 1930 y febrero de 1931.

Como fuerzas dependientes de la Capitanía general de Melilla se les asignó la misión de prestar el servicio de armas en unión de las fuerzas del Ejército, así como el de guías, intérpretes, confidentes y otras de carácter especial que se le encomendaran cuando fueran necesarias.

El reclutamiento de la tropa debía efectuarse entre los naturales de Marruecos que se presentaran en Melilla, Ceuta y territorios ocupados por el Ejército español en las inmediaciones de las citadas plazas y en todas las poblaciones en las que estuviera organizada la policía marroquí al mando de oficiales españoles, siendo estos los encargados de efectuar la recluta con las debidas garantías. El personal de oficiales, a excepción de los oficiales moros de 2ª clase, sería del Ejercito español y procedente de las armas de Infantería y Caballería, respectivamente.

Antes de proseguir hay que precisar que el motivo de emplear la palabra “Regular” –que tal vez pueda llamar la atención al lector- no era otro que el de designar a aquellas unidades militares que por su carácter permanente se distinguían de otras cuyo carácter era temporal, es decir, que se constituían y se desmovilizaban en función de las necesidades militares.

Los Grupos de Fuerzas Regulares Indígenas

Los brillantes y positivos resultados obtenidos por otras naciones europeas mediante la organización y empleo de este tipo de tropas indígenas así como los excelentes servicios prestados hasta entonces por las fuerzas indígenas que se habían creado en Melilla con carácter de ensayo por Real Decreto de 31 de diciembre de 1909, animó a dar carta de naturaleza al proyecto español.

Así, tres años después de la publicación de la normativa fundacional de 1911, se procedió a la reorganización de las diferentes tropas indígenas que hasta entonces existían, dictándose la Real Orden de 31 de julio de 1914 que comenzaba exponiendo:

La necesidad de utilizar los elementos indígenas afectos a nuestra influencia en Marruecos en la forma compatible con sus aptitudes y la oportunidad del momento ha exigido al principio de nuestra acción en Africa la creación de diferentes clases de fuerzas indígenas con organizaciones variables y circunstanciales. Ensanchada considerablemente nuestra esfera de acción y aumentadas en proporción apreciable las unidades nutridas con personal indígena, es indispensable evitar esta variedad de fuerzas, tendiendo a su unificación en toda la zona del protectorado de España sin más variaciones que las que aconseje la índole especial de los distintos territorios sometidos a nuestra influencia …”.

Conforme se disponía en su artículo 1º, las tropas indígenas existentes o que se organizasen en el futuro en el Protectorado de España en Marruecos, debían ajustarse a uno de los siguientes tipos: Tropas del Majzen, Fuerzas regulares indígenas, Fuerzas de Policía indígena o Fuerzas irregulares auxiliares.

En relación con las Fuerzas regulares indígenas, que es lo que interesa en el presente artículo, se dispuso la creación de cuatro grupos, formado cada uno de ellos por dos tabores (batallones) de Infantería -constituidos a su vez cada uno por tres compañías- y un tabor de Caballería integrado por tres escuadrones.

Aunque inicialmente hubo problemas para cumplimentar lo anteriormente expuesto e incluso dicha reorganización quedó temporalmente en suspenso por otra norma de igual rango hasta que pudiese ser llevada a la práctica en las condiciones debidas, terminó finalmente en ser en los meses siguientes una realidad.

El primero adoptó la denominación oficial de Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla n.º 1 (en 1916 cambiaría su nombre por el de Tetuán), siendo su primer jefe el teniente coronel Leopoldo Ruiz Trillo. El segundo se llamaría Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Melilla n.º 2 y su primer jefe fue el teniente coronel Antonio Espinosa Sánchez. Al tercero se le denominó Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta n.º 3, designándose como su primer jefe al teniente coronel José Sanjurjo Sacanell. Y al cuarto Grupo, que tomó la denominación de Fuerzas Regulares Indígenas de Larache n.º 4,  se le nombró como primer jefe fue al teniente coronel Federico Berenguer Fusté, hermano de Dámaso.

Habría que esperar hasta el verano de 1922, un año después de los trágicos sucesos que pasarían a la historia como el “Desastre de Annual”, para que se creara un grupo más, que fue denominado Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Alhucemas nº 5, siendo su primer jefe el teniente coronel Rafael de Valenzuela Urzaiz.

Durante la Guerra Civil (1936-1939) los cinco Grupos aumentaron su número de tabores, dando lugar que al finalizar la contienda y tras regresar las unidades expedicionarias que habían estado combatiendo en la Península, se crearan a partir de 1940 otros cinco Grupos más, con guarnición en diferentes puntos de nuestro Protectorado. Una reorganización del Ejército español en 1950 y la independencia concedida seis años después a Marruecos terminaron por motivar su disolución e integración de su personal en los Grupos de la primera época.

En 1985, como consecuencia de la aplicación del Plan Meta, se disuelven los citados Grupos de Regulares, pasando entonces a denominarse Regimiento de Infantería Motorizada (RIMT) Fuerzas Regulares de Infantería Melilla nº 52 con guarnición en Melilla y Regimiento de Infantería Motorizada (RIMT) Fuerzas Regulares de Infantería Ceuta nº 54 con guarnición en Ceuta. Siendo estas nuevas unidades depositarias del historial y banderas de sus antecesoras. Al año siguiente cambió la denominación de ambas unidades por la de “RIMT. Fuerzas Regulares de Melilla nº 52” y “RIMT. Fuerzas Regulares de Ceuta nº 54”.

Una década después, en 1996, como consecuencia del Plan Norte, las denominaciones oficiales cambiaron a “RIL (Regimiento de Infantería Ligera). Regulares de Melilla nº 52” y “RIL. Regulares de Ceuta nº 54”. Por último, en el año 2000, se volvió a cambiar la denominación, siendo desde entonces “Grupo de Regulares de Melilla nº 52” y “Grupo de Regulares de Ceuta nº 54.

Respecto a los tiempos actuales, hay que destacar que los Regulares de Melilla tienen encomendada la misión de guarnecer en la costa africana las islas Chafarinas y los peñones de Alhucemas y de Vélez de la Gomera. Asimismo y dada la partición del Ejército español en las operaciones internacionales de mantenimiento de la paz, tanto los Regulares de Melilla como los de Ceuta han proyectado varios contingentes a Kosovo. De hecho fuerzas de este último Grupo, con su jefe al frente, el coronel José Acevedo Espejo, se encuentran en estas fechas desplegadas en dicho escenario.

Armamento y uniformidad

El emblema de los Regulares está formado por una media luna, denominada de Ramadán, y por dos fusiles cruzados.

Es innegable la vistosidad y elegancia de los uniformes de los Regulares que llenan de admiración al público que presencia su participación en los desfiles institucionales. Las prendas más llamativas las constituyen el gorro moruno de fieltro rojo con forma cilíndrica denominado “tarbuch” así como su capa blanca, que utilizan en actos relevantes.

Otras prendas características son las bolsas de costado, llamadas “skaras”, que portan los gastadores así como sus correajes de fantasía moruna, además e las fajas que ciñen las cinturas de los Regulares, de color azul en el caso de los de Ceuta y roja en el de los de Melilla.

Respecto al armamento, los fusiles máuser modelo 1893 de 7 mm. que portaron los primeros Regulares de Infantería o las carabinas mauser modelo 1895, de igual calibre, en el caso de los de Caballería, poco tienen que ver con los modernos fusiles de asalto HK modelo G-36 de 5’56 mm. que utilizan los Regulares de hoy día, quienes cuentan además con otra clase de armamento como los lanzagranadas de 40 mm., los misiles contracarro Milán de medio alcance y los Tow de largo alcance así como los morteros medios de 81 mm. y los pesados de 120 mm.

El Museo de Ceuta

El Museo específico de Regulares de Ceuta se encuentra ubicado en el interior del acuartelamiento “González-Tablas”, ocupando una superficie de casi 800 metros cuadrados que a finales de los años 20 del pasado siglo era utilizada como almacén-comedor del antiguo Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 3 de Ceuta.

El nombre del citado acuartelamiento se debe a la memoria del teniente coronel Santiago González-Tablas y García Herreros, que falleció en acción de guerra al ser mortalmente herido el 12 de mayo de 1922, cuando se encontraba al frente del citado grupo ceutí.

El actual Grupo de Regulares de Ceuta nº 54 recogió “la Historia, Gloria y Tradiciones” de los Grupos de Regulares de Tetuán nº 1, de Ceuta nº 3 y de Larache nº 4, así como de los Batallones de Cazadores de Africa y de los Regimientos de Infantería Africa nº 53, Ceuta nº 54 y Serrallo nº 60. Ello ha motivado que su bandera sea la más condecorada actualmente del Ejército español ya que porta las corbatas de tres laureadas colectivas del Tetuán nº 1, dos del Ceuta nº 3 y cuatro del Larache nº 4, además de una más. Concedida al extinto Ceuta nº 54.

Para conservar y difundir la gloriosa historia de los Regulares para conocimiento de las generaciones actuales y futuras, tal y como se relata en una gran placa existente a la entrada del museo, su constitución se inició por decisión del coronel Carlos Sánchez Tembleque, siendo impulsado por el de igual empleo, Enrique Cuenca Romero, procediéndose a su inauguración oficial el 21 de noviembre de 1992 por el Comandante general de Ceuta Rafael Bada Requena.

Sus fondos, muy variados e impresionantes, además de magníficamente conservados, se encuentran expuestos al público en las dos plantas del edificio, bautizadas respectivamente  por Sala del General Berenguer, en honor de quien fuera el primer jefe de las Fuerzas Regulares Indígenas, y la Sala del Teniente Varela, como homenaje al bilaureado oficial que obtuvo su doble concesión como recompensa a su valor heroico en dos acciones diferentes, siéndoles impuestas por Alfonso XIII en Sevilla en 1922, cuando pertenecía al Grupo de Larache nº 4, habiendo llegado posteriormente, en el empleo de teniente coronel, a mandar el de Grupo de Ceuta nº 3.

En la primera planta se encuentran los llamados rincones de los Kaides (oficiales moros), de la Nuba (banda formada por instrumentos tradicionales marroquíes), de Tazarut y de la Caballería, mientras que en la segunda están las salas de los laureados y de las banderas.

Aunque es materialmente imposible reproducir fotográficamente en estas páginas una muestra suficientemente representativa de las diversas clases y tipos de los millares de fondos que se conservan en el museo, hay que mencionar que se tratan de armas –además de sus municiones- tales como pistolas, revólveres, fusiles, carabinas, subfusiles, espingardas, morteros, granadas de mano, sables, espadas, machetes, gumías, etc.; de uniformes de muy diferentes épocas empleados por los Regulares así como de todo tipo de efectos y prendas de uniformidad relacionados con los mismos; de banderas, estandartes, instrumentos, condecoraciones, distintivos y divisas; de mobiliario de la época fundacional, retratos de sus principales y más destacados jefes, y cuadros de pinturas que reflejan las actividades y gestas de los Regulares a través de su casi centenaria historia; numerosísima documentación oficial y gráfica de gran valor histórico; y un largo etcétera que debe animar al lector a acercarse a Ceuta para conocer esta hermosa Ciudad Autónoma española y su magnífico Museo específico de Regulares, donde tradición e historia es una unidad indisoluble.

Por último, para quien quiera saber más sobre la historia de tan heroicas unidades, se recomienda expresamente la colección que Almena Ediciones ha iniciado ya con su primer tomo: “Fuerzas Regulares Indígenas. De Melilla a Tetuán (1911-1914). Tiempos de ilusión y de gloria”.

Nota. Se agradece la inestimable colaboración del Museo Específico de Regulares de Ceuta y muy especialmente de su secretario, el sargento 1º Carlos González Rosado.

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