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sábado, 19 de abril de 2014

UN REGULAR EXCEPCIONAL: EL BILAUREADO CAPITÁN GENERAL VARELA.


Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Revista "TABOR" nº 23, del Grupo Regulares nº 54, correspondiente al mes de diciembre de 2003, págs. 39-43. 


El original está ilustrado con seis fotografías en blanco y negro y una en color.


El año pasado (1951) se cumplió el cincuenta aniversario del fallecimiento de un Regular excepcional: el bilaureado Capitán General José Enrique Varela Iglesias, Marqués de Varela de San Fernando, empleo y título que respectivamente se le concedieron postumamente el mismo día de su muerte -24 de marzo de 1951- porque tal y como rezaba el correspondiente decreto de la Jefatura del Estado, "Justo que quien en vida tanto dio y honró a su Patria, ésta le rinda el máximo homenaje elevándole a la suprema categoría en el Ejército".


Si bien la figura histórica del ilustre militar es sobradamente conocida -y muy especialmente en el ámbito Regular- no lo son tanto algunos detalles de su vida, destacando en especial el gran cariño y afecto que siempre sintió hasta el último de sus días, por las Fuerzas Regulares Indígenas en donde tantos años sirvió y donde alcanzó las mayores cotas de gloria y heroísmo.

Su intensa vida militar (1909-1951) quedó glosada en dos importantes obras, escritas hace ya casi medio siglo: "Un Soldado en la Historia, vida del Capitán General Varela", del insigne literato gaditano José María Pemán Pemartín, y "General Varela, de Soldado a General", del general de brigada de Artillería Francisco Javier Mariñas Gallego.


Sus orígenes en la Milicia.


Hijo de un sargento de Infantería de Marina, nació en San Fernando (Cádiz) el 17 de abril de 1891, comenzando su vida militar a los 18 años de edad -el 2 de junio de 1909- como educando de corneta, en el 11 Regimiento de Infantería de Marina, en donde sucesivamente alcanzó durante los tres años siguientes los empleos de soldado, cabo y sargento.

Siendo un adolescente y a pesar de que sus profesores siempre vieron en él buenas actitudes para cursar la carrera de Derecho, tanto por la facilidad con que asimilaba sus disciplinas como por el don de gentes que ya en aquella época acreditaba, el entonces jovencísimo Varela persistió en no cursar otros estudios que no fueran los militares.

Su gran ilusión era ser oficial del Ejército y en especial de Infantería. En una ocasión, siendo todavía casi un niño, le había dicho a su padre la razón de ello: "Mi deseo es pertenecer a fuerzas de choque para luchar en primera fila en defensa de mi Patria".

Dado que los modestos recursos económicos familiares no le permitían sufragar los gastos de estancia de la Academia de Toledo, tuvo que ingresar como tropa en la Infantería de Marina e intentar alcanzar lo antes posible el empleo de sargento para poder así acogerse a los beneficios y facilidades que entonces se daban a estos para ingresar en las academias de oficiales.

Fruto de su empeño y esfuerzo, ingresó el 23 de julio de 1912 en el alcázar toledano como cadete en la XIX Promoción de la Academia de Infantería. Dicha promoción -que sería conocida en la historia castrense como la "Promoción Varela", contabilizaría tres décadas después -como consecuencia principalmente de las Campañas de Marruecos y la Guerra Civil- un total de 285 muertos de los 472 que la formaban.

El 24 de junio de 1915 obtuvo el despacho de segundo teniente -antigua denominación del empleo de alférez- pasando destinado al cuadro de eventualidades de Melilla y de allí al Regimiento de Infantería "Ceriñola" nº 42, de guarnición en la misma plaza.


Regulares y las dos Laureadas.


Buscando mayor actividad, solicitó su destino al Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas nº 4 de Larache, presentándose en su nueva unidad el 2 de junio de 1916, en donde bien pronto comenzó a destacar por su arrojo y valor siendo desde entonces acreedor a numerosas condecoraciones y sucesivos ascensos por méritos de guerra. 

El 21 de abril de 1919 sufrió la primera de sus cinco heridas de guerra en Marruecos, cuando durante la toma de Kudia Majzen, en donde se llegó a una cruenta lucha cuerpo a cuerpo, trató de rescatar al frente de su sección a un cabo que había caído prisionero.

El joven oficial Regular persiguió siempre los puestos de mayor riesgo y fatiga que bien pronto le hicieron merecedor de las dos Laureadas. Así, el preámbulo de la real orden de 12 de diciembre de 1921, concediéndole la primera de la más preciada condecoración militar española en tiempos de guerra, que normalmente solía concederse a título póstumo, reflejaba por si solo su incuestionable valor. Textualmente decía:


"El Teniente Varela al mando de una Sección de 20 hombres atacó la cueva de Ruman (Larache) el 20 de septiembre de 1920. Situada en un recodo del río Lucus, en las inmediaciones de Mexerach, este centro de resistencia del enemigo perfectamente oculto, impedía el paso de la columna operante causándole numerosas bajas. Se intentó por dos veces reducir la resistencia sin conseguirlo; lejos de ello, el enemigo, envalentonado, rechazó las fuerzas que le atacaban cogiéndoles numerosos prisioneros. 


El Teniente Varela se ofreció voluntario para llevar a cabo el tercer intento al frente de una compañía de Regulares que situó convenientemente, excepto 20 hombres que eligió, y después de enardecerlos con su ejemplo se lanzó al interior de la cueva luchando encarnizadamente dentro de la misma cuerpo a cuerpo y al arma blanca con el enemigo, haciéndoles 30 muertos en el interior y poniendo al resto en franca huida. Al salir de la cueva, de los 20 hombres sólo quedaban vivos el Teniente Varela y cuatro más. Continuó la operación normalmente, sin más consecuencias graves".


Pocos meses después acreditaba nuevamente su extraordinario valor y heroísmo con motivo de la ocupación y defensa de la meseta de Abdama acontecida el 12 de mayo de 1921. Aquel día, según constaba en el expediente contradictorio que se instruyó:

"Sostuvo el Teniente Varela combate con el enemigo durante ocho horas, sufriendo sus tropas numerosas bajas, principalmente en el primer ataque y la reacción, de tal modo, que de las dos secciones de que disponía al principio, perdió los 2 oficiales y 33 de tropa, de los 60 que constituía el efectivo, y de la sección que fue en su apoyo, los 2 oficiales que con ella fueron, más 17 de tropa de los 25 que la formaban".

Por real orden del Ministerio de la Guerra de 21 de julio de 1922, se le concedió por tan heroica acción la segunda Cruz Laureada de San Fernando. Ascendido el 11 de junio de 1921 a Capitán por méritos de guerra, el Rey Alfonso XIII le impuso personal y públicamente las dos Laureadas en Sevilla el 15 de octubre de 1922, tras prender la Medalla Militar a la enseña del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas n1 4 de Larache.

Sin embargo todo ello no deslumbró al joven y heroico oficial Regular cuya sencillez fue siempre una de sus principales virtudes, llegando a declinar cortésmente el Ducado de Rumán y el Marquesado de Addama que entonces le ofreció Alfonso XIII. El monarca, lejos de ofenderse alabó tal muestra de modestia y lo nombró, ya sin derecho a réplica, Gentilhombre de Cámara, ingresándolo además en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

Por real orden de 12 de marzo de 1924 Varela volvió a ascender por méritos de guerra, esta vez al empleo de comandante, teniendo que dejar las Fuerzas Regulares y siendo destinado al Servicio de Aviación en el aeródromo norteafricano de Tahuima tras realizar el curso de observador aéreo. Tras participar durante varios meses en numerosas misiones de bombardeo contra la cabilas rebeldes fue nombrado jefe de la "Harka de Melilla", una aguerrida fuerza irregular indígena al servicio de España.

Al frente de la misma se le concedió la Medalla Militar individual por su heroica acción del monte Ifermín el 24 de marzo de 1925, al destruir con trilita al frente de sus harkeños, un cañón enemigo, resultando herido en el vientre por el enemigo. El 10 de septiembre de ese mismo año tomo parte -al frente de su Harka- en el histórico desembarco de Alhucemas y cuantas acciones se desarrollaron a continuación.

Por real orden de 27 de febrero de 1926 fue ascendido al empleo de teniente coronel "por méritos de guerra contraídos en el periodo comprendido entre el 1 de agosto de 1924 y el 1 de octubre de 1925 con la antiguedad de esta última fecha". Otra real orden de esa misma fecha le confirió el mando del Grupo de Fuerzas Regulares Indígenas de Ceuta nº 3.

El 6 de abril se hizo cargo de su mando y poco después marchó a la zona de operaciones para ponerse al frente de tres de sus tabores de infantería y uno de caballería que se hallaban destacados en el campamento de Tixdit. 

Durante las semanas siguientes participó activamente en todas las operaciones de su sector, destacando la gesta de la conquista de la loma de Los Morabos, acontecida el 10 de mayo de 1926, en donde sus fuerzas tuvieron 115 bajas de las que 12 eran oficiales. 

El general de división José Sanjurjo Sacanell, tras felicitarle personalmente por aquella victoria le pidió que solicitara la tercera Laureada a lo que el propio Varela se negó, respondiendo que las condecoraciones no las debían pedir los interesados sino sus jefes.

El bilaureado Regular continuó distinguiéndose durante los meses siguientes en lo que pasó a conocerse como la Campaña de Yebala y con la que se terminó de poner fin definitivamente a la guerra. 

El 10 de julio de 1927, tras las operaciones sobre Sumata, la ocupación de Tazarut, las operaciones en Gomara y Ketama y la ocupación del Yebel Alam, se dio oficialmente por terminada la última campaña española en Marruecos, imperando a partir de entonces la tan ansiada paz en nuestro Protectorado.

Por real decreto de 18 de abril de 1929 fue ascendido por méritos de guerra, acreditados durante dicho periodo, al empleo de coronel. El nuevo ascenso le obligó a entregar el mando de su Grupo de Regulares, pasando a la situación de disponible en Ceuta. Poco después realizó un interesante viaje de estudios militares por Alemania, Francia y Suiza, al objeto de conocer la organización de la Infantería de dichos países.

A su regreso del mismo y como consecuencia del delicado estado de salud de su madre, solicitó y se le concedió el mando del Regimiento de Infantería de la Base Naval de Cádiz nº 67, tomando posesión del mismo el 3 de mayo de 1930 y a cuyo frente estuvo hasta que fue arbitrariamente cesado tras los sucesos del 10 de agosto de 1932, protagonizados por el intento de sublevación del general Sanjurjo y en los que no participó.


Ministro del Ejército y Alto Comisario en Marruecos.


El 18 de julio de 1936, Varela, que había sido ascendido a general de brigada el 26 de octubre de 1935, encabezó el alzamiento militar en Cádiz en donde se encontraba en situación de disponible forzoso y detenido cautelarmente. 

A partir de ese momento y durante toda la contienda participó y dirigió con éxito algunas de las más importantes operaciones del bando nacional: Córdoba, Antequera, Ronda, Toledo con la liberación del Alcázar, Segovia, Brunete, Teruel, etc., en las que participaron bajos sus órdenes diversos tabores de las Fuerzas Regulares Indígenas.

Poco después de finalizar la Guerra Civil -durante la cual fue ascencido a general de división- fue nombrado Ministro del Ejército, puesto que ocupó desde el 9 de agosto de 1939 hasta el 3 de septiembre de 1942. 

Durante ese periodo creó el Estado Mayor del Ejército, la Escuela Politécnica para Ingenieros de Armamento y Construcción, el Regimiento de la Guardia del Jefe del Estado; restableció las Capitanías Generales y la Academia General Militar; reorganizó los Gobiernos Militares, el Ejército de Marruecos, el Museo Histórico del Ejército, etc.

Por decreto de 11 de julio de 1941 había sido ascendido al empleo de teniente general, contrayendo matrimonio tres meses después -el 31 de octubre- en Durango (Vizcaya) con Casilda de Ampuero y Gandarias, que había sido Delegada Nacional de Frentes y Hospitales durante la Guerra Civil.

Por decreto de 5 de marzo de 1945 fue nombrado Alto Comisario de España en Marruecos, General en Jefe del Ejército de Africa, Inspector de La Legión y de las Tropas Jalifianas así como Gobernador General de Ceuta y Melilla -mostrando siempre un especial cariño hacia sus Regulares- y desarrollando una meritoria labor como gran estadista en todos los aspectos y singularmente en el de las obras públicas e hidráulicas, siendo constantemente venerado por los indígenas, manteniendo la paz y la soberanía del Protectorado a pesar de la crisis internacional existente como consecuencia del desenlace de la 2ª Guerra Mundial.


Su muerte.


El 24 de marzo de 1951 falleció de leucemia en Tánger, trasladándose su cuerpo a Tetuán y a continuación a Ceuta para desde allí por mar hasta Cádiz, siendo enterrado tres días después con honores de capitán general, en medio de un impresionante duelo popular, en su ciudad natal de San Fernando.

A su muerte, el general francés Boyer de la Tour, impuso sobre su cuerpo mortal la Medalla del Mérito Militar Jerifiano, concedida a título póstumo por el Sultán de Marruecos. Dicha recompensa, junto la del título de Marqués de Varela de San Fernando, se unía a las dos Cruces Laureadas, una Medalla Militar individual, dos Medallas Militares colectivas, una Cruz de María Cristina, tres Cruces de Guerra, Cruz, Placa y Gran Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, cinco Cruces del Mérito Militar con distintivo rojo, una Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo blanco, una Gran Cruz del Mérito Naval, una Gran Cruz del Mérito Aeronáutico con distintivo blanco, una Cruz del Mérito Naval con distintivo rojo, una Medalla de Sufrimiento por la Patria, una Medalla Militar de Marruecos con el pasador de Larache, una Medalla Conmemorativa de las Campañas, una Gran Cruz de la Orden de la Medhania, una Medalla de la Campaña, una Gran Cruz de la Orden de la Corona de Italia, una Gran Cruz de la Corona de Rumania, una Gran Cruz de la Orden Militar de Aviz de Portugal, una Gran Cruz de la Orden Militar del Aguila de Alemania, una Cruz de Guerra de Francia, una Gran Cruz de la Orden Militar del Sol de Perú, una Gran Cruz del Mérito Militar del Brasil, un Gran Cordón de la Orden Ouissan Alaouita de Marruecos, una Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y la Medalla de Oro de la Ciudad de Melilla, entre otras.


El Archivo y Museo General Varela.


Prueba del gran cariño y afecto que siempre tuvo el bilaureado general Varela para con sus Regulares quedó reflejado cuando mandó construir hace más de cincuenta años lo que hoy en Cádiz se conoce como la "Casa de Varela de San Fernado". 

La noble entrada al edificio está flanqueada por dos columnas que se levantan sobre sus correspondientes pedestales. En uno de ellos figura el emblema de las Fuerzas Regulares Indígenas y en el otro el de Infantería de Marina. 

Ambos emblemas vuelven nuevamente a repetirse en el interior del palacete, pero esta vez enclavadas en la parte superior de una enorme y artística vidriera alegórica de los principales hechos de armas del ilustre militar.

En su interior se encuentran una magnífica biblioteca y los impresionantes archivos privados del ilustre militar en donde puede consultarse detalladísima documentación sobre sus años de destino en las Fuerzas Regulares Indígenas así como una espléndida colección de efectos y objetos castrenses, entre los que abundan los pertenecientes a dicha etapa.

Afortunadamente y gracias a los hijos del general Varela que recientemente han depositado en el Museo Específico de Regulares de Ceuta uno de sus uniformes- y al Ayuntamiento de Cádiz, es muy factible que además del acceso de historiadores e investigadores al citado archivo, se podrá abrir al público en un futuro próximo el mencionado Museo.


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